Yerma:
María, María, abre. ¿María me oyes? Ábreme la puerta.
María:
Ya va, ya va. No hagas tanto ruido que vas a despertar al niño. ¿Pero por qué tanta prisa? ¿Ha ocurrido algo Yerma? ¿Qué haces tan sola a altas horas? ¿Y Juan no está contigo?
Yerma:
Ay María, ha ocurrido una desgracia, ¡una desgracia! Estoy maldita María, ¡maldita!. ¿Qué va ser de mi vida ahora, qué?
María: (Se sorprende)
¿Qué ha pasado? ¿De qué gran desgracia hablas? No calles más, y cuéntamelo. No me tengas más en ascuas.
Yerma: (Con lágrimas en los ojos)
María cuando te lo cuente no te lo vas a creer. He cometido el delito más grande que puede cometer una persona. ¡He matado a Juan, mi marido! Lo he matado. No sé que hacer ahora ahora, estoy perdida. Me siento sola. Pero lo peor de todo, he perdido mi única oportunidad de poder tener mi hijo.
María:
Yerma ¿pero que has hacho? ¿Cómo lo has podido matar? Explícamelo, te lo exijo. Era tu marido, el único que te podía darte cobijo, comida. ¿Ahora que piensas hacer con tu vida? . Pero lo peor de todo, ¿qué harás cuando la gente se de cuenta? Porque tarde o temprano se darán.
Yerma:
No sé nada María. He cometido una locura sin pensarlo. Nos encontrábamos discutiendo por lo mismo de siempre, sabes que deseo con toda mi alma tener un niño. Que sea mío, de mi vientre, al que yo poder amamantarlo, cuidarlo y darle cobijo. Pero él no quería, y yo estaba harta, María, harta. Yo no vivía a gusto con mi vida. Tú sabes que sólo me case con él por la promesa de mi padre, y también para intentar tener un niño. No lo amaba.
María:
Sé que no lo amabas. Toda tu vida has estado amando a Víctor, pero recuerda la promesa de tu padre. No lo tenías que haber matado. Ahora estarás sola en esta vida Yerma. Ningún hombre te querrá por la locura que has cometido. ¿Qué piensas que pensará Víctor de todo esto? Era el mejor amigo de Juan, no te lo perdonará.
Yerma:
No se tiene por qué enterar. Pero para ello me tienes que ayudar. Prométemelo. No puedo hacer esto sola. Me tienes que ayudar a esconderlo y irme lejos de aquí, en busca de Víctor. Por favor te lo pido, no me abandones.
María:
No puedo hacer eso Yerma, ¿qué pensará la gente del pueblo de nosotras? No podemos, tenemos que contarlo.
Yerma:
No, no podemos decírselo a nadie, María. Me meterían presa. Ayúdame a irme de este pueblo. Su cuerpo lo dejaremos ahí, ya lo encontrará alguien mañana. Pero por favor María necesito ir en busca de Víctor, él es el único que puede hacerme feliz como yo quiero, debo a ir a por mi único y verdadero amor.
María:
Esto que me estás pidiendo es muy grave, si se enterarán, nos meterían presa a las dos.
Yerma:
Sé que es muy grave, pero por favor, ayúdame. Te lo ruego. Es la última voluntad que te ruego, antes de irme de aquí. No nos volveremos a ver, pero por favor ayúdame.
María:
Lo haré. Escúchame atentamente a lo que te diré. Al amanecer, sale un coche de caballos dirección al pueblo vecino, donde se encuentra Víctor. Iba a ir yo, a por telas, pero es mejor que lo cojas y vayas tú. No puedes llegar tarde. Ahora vete, que ya está amaneciendo. Ve con Dios amiga, que todo te vaya bien. Pronto iré a visitarte.
Yerma:
Mil gracias María. Cuídate y cuida al pequeño. Ven pronto a visitarme.
(Yerma sale del escenario, y se cierra el telón.) (Se vuelve abrir el telón y aparece Víctor)
Víctor:
¿Yerma? Oh mi queridísima Yerma, ¿qué te traen por estos pueblos vecinos?¿No has venido con mi gran amigo Juan?
Yerma:
No Víctor, he venido sola. Ha ocurrido una desgracia. Han asesinado a Juan. Eres mi único apoyo que me queda ahora.
Víctor:
¿Cómo que han asesinado a Juan? ¿Y tú estás bien?. Yerma, querida, lo siento mucho. Dime, ¿en qué puedo ayudarte?
Yerma:
Víctor no nos engañemos más. Nosotros nos amamos. Yo he venido para poder estar contigo, formar una familia, ser feliz, por fin. Ya sabes cuál es mi deseo. Toda mi vida he estado enamorada de ti. La muerte de mi difunto marido, no ha favorecido a los dos. Podemos ser felices, sin que nadie lo puedo impedir. Empecemos desde cero.
Víctor:
Yerma, todo esto está mal. Él era mi mejor amigo, no podemos hacerle esto. A demás, recuerda la promesa que le hiciste a tu padre. Por mucho dolor que sienta, no puedo hacerlo. No podría vivir con todo el remordimiento por dentro, ¡no puedo estar con la mujer de mi difunto mejor amigo!, me sería imperdonable.
Yerma:
Víctor, Víctor. Mírame. No me puedes decir esto, no a mí. A la niña que desde pequeña siempre jugaba contigo. A la que te ayudaba en todo lo posible. (Se va acercando a Víctor) Víctor, no me engañes. No me digas que no me amas. Porque sé que tú sientes lo mismo que yo por ti. Por favor mírame y dime que me amas, Víctor. (Lo besa)
Víctor: (Aparta rápidamente a Yerma)
No me hagas esto Yerma. No me pongas tus dulces labios por mi camino, sé que no me podré contener. No puedo negarte que no te amo, pero ya te he dicho que este amor nuestro es imposible. Será mejor que me marché. Siempre te amaré mi pequeña Yerma, siempre lo haré. (Se acerca a ella y le da un cálido beso en forma de despedida y sale del escenario)
Yerma: (Se encuentra arrodillada al suelo)
¡Víctor, Víctor, vuelve! No te vayas. ¿Qué será de mi ahora? ¿Qué triste y desgraciada vida me espera? No me merezco esta vida tan injusta. Y ahora hijo mío, sí que te perdido. He matado a mi hijo con mis propias manos. ¡Víctor, vuelve, no me abandones! (Llora desconsoladamente)
(Se cierra el telón y queda Yerma en medio del escenario, arrodillada, llorando)
FIN.
¿Qué ha pasado? ¿De qué gran desgracia hablas? No calles más, y cuéntamelo. No me tengas más en ascuas.
Yerma: (Con lágrimas en los ojos)
María cuando te lo cuente no te lo vas a creer. He cometido el delito más grande que puede cometer una persona. ¡He matado a Juan, mi marido! Lo he matado. No sé que hacer ahora ahora, estoy perdida. Me siento sola. Pero lo peor de todo, he perdido mi única oportunidad de poder tener mi hijo.
María:
Yerma ¿pero que has hacho? ¿Cómo lo has podido matar? Explícamelo, te lo exijo. Era tu marido, el único que te podía darte cobijo, comida. ¿Ahora que piensas hacer con tu vida? . Pero lo peor de todo, ¿qué harás cuando la gente se de cuenta? Porque tarde o temprano se darán.
Yerma:
No sé nada María. He cometido una locura sin pensarlo. Nos encontrábamos discutiendo por lo mismo de siempre, sabes que deseo con toda mi alma tener un niño. Que sea mío, de mi vientre, al que yo poder amamantarlo, cuidarlo y darle cobijo. Pero él no quería, y yo estaba harta, María, harta. Yo no vivía a gusto con mi vida. Tú sabes que sólo me case con él por la promesa de mi padre, y también para intentar tener un niño. No lo amaba.
María:
Sé que no lo amabas. Toda tu vida has estado amando a Víctor, pero recuerda la promesa de tu padre. No lo tenías que haber matado. Ahora estarás sola en esta vida Yerma. Ningún hombre te querrá por la locura que has cometido. ¿Qué piensas que pensará Víctor de todo esto? Era el mejor amigo de Juan, no te lo perdonará.
Yerma:
No se tiene por qué enterar. Pero para ello me tienes que ayudar. Prométemelo. No puedo hacer esto sola. Me tienes que ayudar a esconderlo y irme lejos de aquí, en busca de Víctor. Por favor te lo pido, no me abandones.
María:
No puedo hacer eso Yerma, ¿qué pensará la gente del pueblo de nosotras? No podemos, tenemos que contarlo.
Yerma:
No, no podemos decírselo a nadie, María. Me meterían presa. Ayúdame a irme de este pueblo. Su cuerpo lo dejaremos ahí, ya lo encontrará alguien mañana. Pero por favor María necesito ir en busca de Víctor, él es el único que puede hacerme feliz como yo quiero, debo a ir a por mi único y verdadero amor.
María:
Esto que me estás pidiendo es muy grave, si se enterarán, nos meterían presa a las dos.
Yerma:
Sé que es muy grave, pero por favor, ayúdame. Te lo ruego. Es la última voluntad que te ruego, antes de irme de aquí. No nos volveremos a ver, pero por favor ayúdame.
María:
Lo haré. Escúchame atentamente a lo que te diré. Al amanecer, sale un coche de caballos dirección al pueblo vecino, donde se encuentra Víctor. Iba a ir yo, a por telas, pero es mejor que lo cojas y vayas tú. No puedes llegar tarde. Ahora vete, que ya está amaneciendo. Ve con Dios amiga, que todo te vaya bien. Pronto iré a visitarte.
Yerma:
Mil gracias María. Cuídate y cuida al pequeño. Ven pronto a visitarme.
(Yerma sale del escenario, y se cierra el telón.) (Se vuelve abrir el telón y aparece Víctor)
Víctor:
¿Yerma? Oh mi queridísima Yerma, ¿qué te traen por estos pueblos vecinos?¿No has venido con mi gran amigo Juan?
Yerma:
No Víctor, he venido sola. Ha ocurrido una desgracia. Han asesinado a Juan. Eres mi único apoyo que me queda ahora.
Víctor:
¿Cómo que han asesinado a Juan? ¿Y tú estás bien?. Yerma, querida, lo siento mucho. Dime, ¿en qué puedo ayudarte?
Yerma:
Víctor no nos engañemos más. Nosotros nos amamos. Yo he venido para poder estar contigo, formar una familia, ser feliz, por fin. Ya sabes cuál es mi deseo. Toda mi vida he estado enamorada de ti. La muerte de mi difunto marido, no ha favorecido a los dos. Podemos ser felices, sin que nadie lo puedo impedir. Empecemos desde cero.
Víctor:
Yerma, todo esto está mal. Él era mi mejor amigo, no podemos hacerle esto. A demás, recuerda la promesa que le hiciste a tu padre. Por mucho dolor que sienta, no puedo hacerlo. No podría vivir con todo el remordimiento por dentro, ¡no puedo estar con la mujer de mi difunto mejor amigo!, me sería imperdonable.
Yerma:
Víctor, Víctor. Mírame. No me puedes decir esto, no a mí. A la niña que desde pequeña siempre jugaba contigo. A la que te ayudaba en todo lo posible. (Se va acercando a Víctor) Víctor, no me engañes. No me digas que no me amas. Porque sé que tú sientes lo mismo que yo por ti. Por favor mírame y dime que me amas, Víctor. (Lo besa)
Víctor: (Aparta rápidamente a Yerma)
No me hagas esto Yerma. No me pongas tus dulces labios por mi camino, sé que no me podré contener. No puedo negarte que no te amo, pero ya te he dicho que este amor nuestro es imposible. Será mejor que me marché. Siempre te amaré mi pequeña Yerma, siempre lo haré. (Se acerca a ella y le da un cálido beso en forma de despedida y sale del escenario)
Yerma: (Se encuentra arrodillada al suelo)
¡Víctor, Víctor, vuelve! No te vayas. ¿Qué será de mi ahora? ¿Qué triste y desgraciada vida me espera? No me merezco esta vida tan injusta. Y ahora hijo mío, sí que te perdido. He matado a mi hijo con mis propias manos. ¡Víctor, vuelve, no me abandones! (Llora desconsoladamente)
(Se cierra el telón y queda Yerma en medio del escenario, arrodillada, llorando)
FIN.
No hay comentarios:
Publicar un comentario