domingo, 19 de enero de 2014

La metamorfosis.

Después de haber escuchado la conversación de su familia, lleno de decepción se fue a su cuarto. Él no quería hacerles la vida imposible. Estaba preocupado por ellos. Con esfuerzo llegó a su habitación. Decidió dormirse, estaba sin fuerzas.

Abrió los ojos. Se hallaba en la cama . Al final de la cama se encontraban sus pies, cinco dedos en cada uno. Se quedó embobado mirándolos. Poco después, empezó a picarle la cabeza y fue a rascarla con su mano izquierda. De ella cogió al culpable de su picor. ¡Era un asqueroso bicho de antenas y fuerte caparazón! Rápidamente lo tiró al suelo, casi le dio algo de la repugnancia. Se sentó en la cama para poder levantarse de ella luego. Miró su cuerpo. ¡Estaba repleto de casi cincuenta asquerosos insectos! Todos eran iguales al que cogió de la cabeza. Se puso de pie en el suelo de un salto, y empezó a quitarse todos aquellos parásitos de encima. Arañándose y dándose tortas por todo el cuerpo. Observó el suelo y estaba colmado de esos monstruos enanos. Había por lo menos miles, y no cesaban de entrar por la ventana de su cuarto muchísimos más. El techo y las paredes también estaban llenos de esos pequeños que no paraban de observarle. Salió corriendo de la habitación y múltiples filas de estos bichos iban en dirección hacia ella.

- ¡MAMÁ, PAPÁ, GRETE! - gritó Gregor a pleno pulmón. Estaba asqueado y un poco asustado.

La casa parecía estar usual, quitando el detalle de los insectos. Fue al cuarto de sus padres y solo vio el bastón de aquel hombre mayor al que tanto quería. Seguidamente fue al de su hermana y no la encontró. Fue al salón, el mismo resultado. Y a la cocina. Nadie. Lo que no faltaba en cada rincón de la casa eran los bichos, repletos de basura, todos encaminándose en dirección a su cuarto, pero en ningún rincón cesaban, aparecían de la nada. No podía dar un paso sin que sonara ese sonido tan incómodo que le provocaba arcadas nada más escucharlo. ¡CRACH! Entraban desde la puerta principal, por lo que decidió ver de dónde venían. Les siguió hasta el patio. Levantó la cabeza. Y desde el árbol brotaba una inmensa masa negra. Se fijó en el árbol. Se fijó más, había algo que no le cuadraba. Se acercó un poco hacia él. Vio que colgaban tres figuras. Se acercó aún más y pasó su mano por una de ellas. Quitó algunos parásitos que cayeron al suelo. Era el violín de su hermana. Siguió quitando parásitos y vio la cara de ella. Estaba descomponiéndose. Rápidamente siguió con las otras dos figuras. Eran su padre y su madre.

Gregor se sobresaltó y chocó contra el sillón. Había sido una pesadilla. Salió de debajo del mueble. Era de noche. Sin ninguna razón salió de su habitación por la ventana. Fue chillando por la calle e insectos de todas clases se le iban uniendo. Terminó de recopilar a bichos en el vertedero. Al llegar allí cogió otro camino para volver a su casa. Detrás de él iba una manada de toda clase de parásitos, sobre todo cucarachas. Empezaron a entrar por la ventana de su cuarto. Organizó al gran grupo. Miles de ellos fueron al cuarto de su hermana. Millones a la habitación de sus padres. Gregor fue a por unas cuerdas. Con cuidado los millones de insectos llevaron a su familia al patio donde él ya había atado las cuerdas al árbol. Entre todos anudaron a su familia. Vieron cómo se despertaron y movían de un lado a otro intentando coger aire y sobrevivir. Daban patadas a la nada e intentaban agarrarse de una rama cercana. La pobre mujer asmática poco después de abrir los ojos y ver todo lo que tenía enfrente , murió. No le había dado tiempo a luchar por su vida. Su padre se quedó mirando cómo su mujer moría. Se resignó. No puso fuerzas ninguna en intentar subsistir. Miró a su joven hija y le regaló un último beso.

- ¡Papá, no! ¡PAPÁ, LUCHA, POR FAVOR, NO ME ABANDONES! - gritaba Grete con las pocas fuerzas que le quedaban - ¡PAPÁ NO, PAPAAAAAAÁ! ¡NO ME DEJES PAPÁ! - la vida se le iba por la boca.

La última en fallecer fue su hermana, que intentaba respirar por todos los medios, lloraba y chillaba. La juventud se le había ido por completo. Se movía de un lado a otro intentando abrazar a su padre. De repente paró, se quedó quieta y todo lo que le quedaba por vivir ya no existía. Quizás su muerte no fue causada tanto por la asfixia como por ver a sus padres morir.  Su blanca cara ahora era de un rojo intenso. Gregor observaba todo esto desde el suelo. Estaba muy agotado, se había herido aún más de lo que estaba, y la falta de comida le había puesto más débil. Su pequeño corazón se paró en medio de la masa de bichos que rodaba a él y a su familia en un círculo.

Continuación de "No pidas sardina fuera de temporada".

     Escuché de nuevo unos pasos esperanzadores que me hacían voltear la cabeza. Era María, que venía a decirme que alguien preguntaba por mí en el teléfono. Me levanté de la silla y dejé el informe de mi amada encima de la mesa. Al llegar al aparato me lo llevé al oído y contesté.

   -¿Diga?
   -Hola Juanito.
 No hicieron falta más palabras para conocer esa voz. 
   -¡Hombre Elías cuánto tiempo!
   -Sí, tres meses. Tres largos meses. ¿Cómo te va?
   -Pues perfectamente, ¿y a ti?
   -Bien, bien. Supongo que mi hermana te habrá contado que estudio fotografía y trabajo con una agencia, ¿verdad?
   -Sí.
   -Bueno, pues... tengo que contarte algo, seguro que te interesa.
   -Te escucho.

 Se manifestaron unos instantes de silencio.
   -Preferiría decirtelo en persona. Esta tarde me paso por el barrio a por unas fotos. Si quieres nos vemos en La Tasca a las seis.

     Colgué y me dirigí al cobertizo. Al llegar observé que el dossier de Clara no se hallaba donde lo dejé. Fui inmediatamente a preguntarle a María que si lo había cogido. 

   -María, ¿has cogido el expediente de Clara?
   -¿El expediente?, no.

No entendía nada. Si no lo tenía Clara, y no permacenía en mi escritorio, ¿dónde estaba? Volví a mi lugar de trabajo para buscarlo. Justo al entrar por la puerta lo vi. No me refiero al informe, sino al amor de mi vida.

   -Hola Juan. Así que esto es a lo que te has dedicado todo este tiempo, ¿no?
No me salían las palabras. Estaba ahí, a tan solo unos centímetros de mí.
   -Realmente lo hize antes de que ocurriera todo esto. ¿Qué haces por aquí?
   -Pues he venido de visita, ¿es que no te alegras de verme?- pronunciaban sus rojos y provocadores labios mientras su espléndido cuerpo se acercaba aún más a mi. La tentación era insostenible. 
   -Por supuesto que me alegro, ¿no se me nota?
Sonrió y su resplandeciente sonrisa me iluminó el corazón. Su boca se encontraba a milímetros de la mía. Me entraron unas ganas locas de precipitarme al abismo de su cuerpo.
   -En verdad he venido hacia aquí para verte. Llevaba tiempo queriendo pedirte disculpas por como acabó todo, y decirte que me encantaría encaminarlo de nuevo.

Volvía a quedarme sin palabras. Hize ademán de hablar, pero no me salió más que una estúpida palabra. 

   -Ah.
Clara desvió la mirada hacia abajo y continué.
   -Te he echado de menos.

Se le saltaron las lágrimas y, sin venir a cuento, me besó. Esos instantes en los que nuestros labios se unieron me hicieron recordar aquel día que bailé con ella. En mi mente sonaba el Without you. Todo era muy bonito para ser verdad, asi que, como siempre, una interrupción de María lo estropeó todo.

   -¡Clara!¡Hola!
   -Hola María, ¿qué tal?- dijo ella mientras se separaba de mí.
   -Muy bien. ¿Qué haces por aquí?
   -Ha venido de visita.- interrumpí mientras me quitaba su pintalabios de mi boca.
   -Ah, que bien.

Le gesté a María para que se fuera, pero parecía que aquel momento iba a seguir siendo siniestro.

   -Y, ¿hasta cuando te quedas? ¿Y dónde?
   -María, ¿no tienes nada que hacer?- pregunté desesperado.
   -No. 
   -Te recuerdo que tienes que terminar el trabajo de Roberto Fernández. Nos corre mucha prisa.

No dijo nada y, afortunadamente se fue. Hubiera rezado cualquier cosa para agradecerlo, pero tenía mejores cosas que hacer. Me giré hacia Clara y me dispuse a abrir la boca y, sinceramente, me hubiera encantado que me la cerrara de nuevo.
   -Entonces... ¿me quieres?
 No se inmutó en unos segundos.
   -Eso creo. Lo que busco es averiguar lo que siento por ti. 

     Me alegraron totalmente esas doce palabras. La abrazé y le propuse que se quedara en mi casa unos días. Aceptó y finalmente nos fuimos a mi hogar. Al llegar hablé con mis padres y no pusieron ningún impedimento. Clara se quedaba. No podía poseer más felicidad que aquella. Entonces recordé la llamada de Elías. Tenía algo que contarme. ¿Qué sería?

     Ya eran las cinco y media. Me preparé, me despedí de mis padres, de Pili, y fui a hablar con mi chica, que estaba en el cuarto de invitados. Llamé a la puerta y una preciosa voz aterciopelada me incitó a entrar. La obedecí. Una vez dentro le expliqué todo, y me dijo que me esperaría. Que iba a ir de compras con Pili. Le di un beso y me fui. 

     Llegué a La Tasca. No vi a Fernando Esteso, había un nuevo camarero. Me senté en la mesa de siempre a esperar a Elías. A los tres minutos escuché el motor de una montesa. Instantes después vi a Elías. Me levanté de mi asiento y fui a saludarlo.

   -¡Elías!
   -¡¿Qué pasa Juanito?!.- exclamaba él mientras me daba un abrazo.
   -Pues nada, aquí estoy. ¿Qué tenías que contarme?
   -Siéntate.

Le pidió al suplente de Esteso una coca-cola y empezó.

   -A ver Juanito... Ya sabes a qué me dedico ahora. Mira esto.

Me quedé petrificado. Era aún peor que la foto de la sardina. Era una imagen del Pantasma y el Lejía en un parque. Así contado no suena tan impactante, pero no estaban como cualquier persona está con otra en un bosque. Estaban besándose. Ahora encajaba todo. El padre de Clara se divorció de su esposa porque descubrió su relación con el conserje. Miré a Elías y nos entendimos sin palabras. Era lo que parecía.

   -¿Cómo le digo esto a Clara? Ha venido a verme esta mañana y se queda en mi casa unos días. Estamos saliendo. ¿Cómo le digo que su padre tuvo un lío con una de las personas que intentaron matarme?
   -No sé.

     Me despedí de él y me encamine hacia casa. Llegué. Me abrió la puerta Clara. La miré a los ojos, y la abrazé. 

   -Ven conmigo.

     La llevé a mi cuarto, cerré la puerta y nos sentamos en mi cama. 

   -Mira esta foto. Puede parecer dura para ti, pero quiero que lo sepas cuanto antes.  

     Le di la imagen, la miró, e inmediatamente la destruyó. No dijimos nada. Simplemente se puso de pie, me cogió de las manos para levantarme, y me dijo que me quería.

Continuación de "El extraño caso del Dr.Jekyll y Mr.Hyde".

Utterson tras la muerte de Henry Jekyll seguía manteniendo una relación con su criado Poole. Como de costumbre iba a visitar a este criado todos los domingos y cenaban juntos.
Se hicieron grandes amigos desde aquello que ocurrió con Henry Jekyll. Poole seguía en aquella extraordinaria casa con los criados de Mr.Henry , algunos abandonaron la casa para formar una nueva vida con sus familias y amigos fuera de aquella encantadora casa pero el admirable criado Poole quería seguir en su hogar, la mansión de Henry, en la que había vivido durante mas de veinte años.
A Utterson y a Poole les estaba preocupando otro problema, Enfield el primo de Utterson, llevaba varios meses sin dar señales de vida. Este asunto empezaba a preocuparles a ambos. Su querido primo era muy conocido y cualquiera sabría algo de el , pero no era así, nadie sabia nada de Enfield.
Ese domingo decidieron ir una vez mas a la casa de dicho primo. Llamaron  a la puerta y tardaron varios minutos en abrir, era la señora de las llaves, Candy.
 -Buenas tardes Candy, venía a ver a mi primo, Enfield. Llevo varios meses sin saber nada de el , le mande varias cartas pero no respondió a ninguna y este caso me preocupa- dijo Utterson con palidez.
 - Me temo que Enfield no se encuentra en este momento- dijo Candy-, salió hace varias semanas y dijo que tenía que resolver unos asuntos importante.
 - Señora Candy, necesito saber de mi primo y sé que usted sabe algo- dijo Utterson de forma brutesca.
 - Señor, yo no puedo dar mas información. Lo siento mucho.
Utterson y Poole se marcharon un poco aturdidos por la contestación de la señora Candy, ambos pensaban que había algo mas , que esa señora sabía mas de lo decía.
Caminaban en silencio hasta la casa de Utterson, mirando hacia el suelo pensando una vez mas en esa contestación y el porque su primo se había marchado sin avisarle de que dejaba su hogar durante unas días. Con estos pensamiento recordó que Enfield tenía un amigo al que le contaba todo, ese amigo no vivía muy lejos.
 -Poole, vamos a cambiar nuestro camino e iremos a la casa del amigo de Enfield, el tendría que saber algo más que la señora Candy, se cuentan los secretos mas íntimos.- dijo Utterson
 -Pero si se cuentan esos secretos tan íntimos y son tan amigos, ¿piensas que ese hombre te contaría a donde se marcho tu primo y por que?- dijo Poole con su rostro lleno de preocupación.
-No se querido amigo, no se. Pero quiero acabar con esta duda cuanto antes, llevo varios días sin dormir.-dijo Utterson preocupado.
Ambos anduvieron hasta la casa del amigo de Enfield, Bejamin. Al llegar se pararon justo en la gran puerta roja de la casa y llamaron.
 -Buenas tardes señor, ¿se encuentra Benjamin?-dijo Utterson
 -Sí señor, se encuentra en su gabinete. ¿Quién lo busca?
 -Soy Utterson, primo de Enfield. Dígale que me urge hablar con el.-dijo Utterson un poco mas aliviado.
Poole miró a Utterson, el señor Benjamin Moore se encontraba en su casa. Moore es de temperamento fuerte, respetuoso e inteligente.
Llamaron a aquella puerta robusta de madera y el señor Bejamin acudió enseguida. Aquel gabinete era el mas grande de todos los que había visto, con tres sillas de tercio pelo rojizo, estantería de madera maciza, una mesa bastante grande con una aglomeración de papeles perfectamente ordenados y finalmente un sillón de tercio pelo negro a simple vista bastante cómodo.
 -Buenas tardes señor Utterson y señor Poole, tomen asiento por favor. - dijo Moore con una simpática sonrisa.
 -Buenas tardes Moore, muchas gracias por atenderme , veo que usted se encuentra muy ocupado.-dijo Utterson.
 -Bien-continuo Moore- ¿Qué le trae por aquí Utterson?
 -Señor Benjamin, necesito que me ayude diciéndome la verdad o si no sabe nada que me tienda la mano, por favor- dijo Utterson preocupado
 -¡Oh, por favor Utterson!-exclamó Moore- ¿Qué le ocurre?, ¿es grave?,por favor hable.-dijo Moore preocupado
En aquella habitación reino el silencio por unos segundos, ninguno de los dos sabían que decir. Pero por fin Utterson se decidio a romper ese silencio.
 -Mire Moore, mi primo Enfield lleva varias semanas fuera de casa, ya sabe que ese vecinos incompetente que tenía mi primo le deseaba la muerte pero antes de venir a pedirle ayuda a usted fui a su casa y me atendió la señora Candy, dijo que Enfield le anuncio que se iría algunos días a resolver unos problemas, solo eso. Querría saber si usted sabe algo, me preocupa mucho mi primo, ¿sabe usted algo señor Moore? - dijo Utterson
 -Señor Utterson, estoy consciente de todo lo ocurrido. Hace varias semanas me llego una carta de el en la que decía - Moore tardo algunos segundos en sacar la carta- "Querido amigo Benjamin Moore, me marcho a Darkplace para solventar un inconveniente con mi contiguo Douglas Anderson. Volveré en tres día aproximadamente. Un cordial saludo, Enfield."
Regreso el silencio a aquel gabinete tan espacioso. Ninguno de los tres sabían que decir ni que hacer, ¿Enfield con Douglas?, era algo casi imposible. Esta vez fue Moore quien decidió acabar con el silencio.
 -Pero amigo Utterson, Enfield me mandó esta carta hace más de una semana y en ella decía que volvería en tres días. ¿Dónde se encontrara Enfield? - comentó Moore alarmado
 -Pues.. -siguió Poole- si Enfield dijo que iría con Douglas y que volvería en tres días, ¿no tendríamos que ir a la residencia de Douglas Anderson?
 -Me parece adecuado Poole, marchemos cuanto antes- dijo Utterson deprisa
El señor Moore mando a llamar a su cochero personal para llegar cuanto antes al domicilio de la familia Anderson. Utterson tenía un rostro de preocupación y Poole no podía parar de pensar.
Llegaron a la casa de Enfield y justamente al lado de esa inmensa vivienda se encontraba una bastante pequeña, con el tejado un poco destrozado. Todo el mundo conocía los pocos recursos que tenían la familia Anderson. Muchos vecinos habían intentado ayudarles pero ellos se negaban rotundamente, eran personas de muy mal carácter.
Enfield y Douglas tuvieron serios problemas por casos desconocidos, Enfield jamás quiso hablar de ello.
Los tres señores se disponían hacia la puerta de esa vivienda, justamente cuando salió la señora Anderson.
 -Buenas tardes señora Anderson, soy Utterson quisiera hablar con su marido, ¿podría verle cuanto antes?- le dijo Utterson con un poco de miedo.
 -¿Para que quiere usted hablar con mi marido?. Creo que sabe bien que vuestra familia no es bien recibida en mi casa, por lo que puede marcharse. Buenas tardes. -dijo la señora Anderson bruscamente.
Los tres amigos se quedaron perplejos. Dieron media vuelta y decidieron ir a la vivienda de Enfield. Al llegar estaba la señora Candy en el jardín.
 -Buenas tardes Candy, ¿Cómo se encuentra usted?- dijo Moore con simpatía.
 -Buenas tardes Moore, los años están pasando factura- contesto Candy
 -Veníamos para hablar con usted , ¿podría dedicarnos unos minutos?- dijo Utterson
 -Bien...-siguió Candy- tengo demasiado trabajo pero supongo que será algo serio cuando quereis hablar conmigo. Pasen y siéntese en el recibidor.
Entraron en la casa y como de costumbre tan brillante todo. Llegaron al recibidor tan acogedor con la chimenea encendida. Tomaron asiento. A Utterson se le venían muchos recuerdos en esa casa, rincón por rincón. Tanto Utterson como Enfield llevaban en esa mansión desde pequeños.
 -Siento haberles hecho esperar. ¿Qué ocurre?- dijo Candy
 -Pues bien, como ya vine antes señora Candy a preguntarle por mi primo, Enfield, con su respuesta no me quede sosegado y fui a casa del señor Moore, el me comunicó que mi primo le había mandado una carta antes de marchar- Utterson cogió aliento para comunicarle el mensaje a Candy- en la que decía que iba a Darkplace con su contiguo Douglas para resolver unos asuntos y que tardaría tres días.
La señora quedó asombrada, todo el mundo pensaba lo mismo ¿Enfield con Douglas?. Era tan extraño que no podias dejar de pensar en ello.
 -Pero señor si Enfield con Douglas...
 -Sí, Enfield con Douglas. Hace mas de una semana que me mando esa carta y todavía no ha dado señales de vida. Hemos ido a la residencia de la familia Anderson y su señora ha sido tan poco educada que ni siquiera nos ha dicho si se encontraba su marido, nos cerro la puerta y nos marchamos.- interrumpió Moore -pienso que ese señor se encontraba en su casa y que hay algo mas en toda esta historia.
 -Douglas esta raro últimamente. Desde la muerte de Henry Jekyll, como ya sabéis era amigo de ese doctor y por extraño que parezca Henry venia mucho a la casa de los Anderson. Salía de su vehículo con un macuto marrón, siempre. -conto Candy.
 -¿Henry?- dijo perplejo Utterson
 -Sí, Henry. En esa casa pasan cosas muy extrañas. Entra y sale un hombre bastante horrendo, con muy mala vestimenta. Con tal solo mirarlo sientes en tu cuerpo una repugnancia hacia esa persona. Es inexplicable. - dijo la señora Candy
 -Moore, necesitamos averiguar cuanto antes quien es esa persona que entra y sale de la casa de los Anderson. Esta noche entraremos con mucho disimulo en esa vivienda y sabremos lo que ocurre en esa casa tan misteriosa. - dijo Utterson con mucho interés.
 -Me parece bien Utterson, pero ¿y Enfield?. No tenemos ni idea de donde se encuentra. Mañana por la mañana iremos directamente a Darkplace y preguntaremos si vieron a Enfield, es una persona muy conocida, alguien tuvo que verlo. Si es que fue a aquel lugar. - dijo Moore preocupado
 -Si Moore , iremos mañana al amanecer a Darkplace pero esta noche entraremos en esa casa y averiguaremos que ocurre.
 -Señores...-interrumpió Candy - ya que me encuentro sola en esta casa tan enorme, ¿les apetecería quedarse esta noche aquí?. Sería una buena idea si vais a entrar en la vivienda de los Anderson.
 -Muchas gracias señora Candy, te agradecemos su propuesta. Nos quedaremos. - respondió Utterson en nombre de los tres.
 -Pues voy a prepararles las habitaciones y la cena. Vuelvo en seguida. - dijo Candy
Llegó la noche y Utterson, Moore y Poole se encontraban sentados en unos sillones bastantes cómodos en la chimenea, pensando en como entrar en aquella casa. Tenían que tener muchísimo cuidado, si por casualidad ese señor se encontrara en la casa, podrían correr mucho peligro.
 -Amigos, deberíamos levantarnos de estos asientos tan cómodos e ir a esa casa. Primero miraremos si hay puerta trasera, lo mas seguro que de con la cocina. Buscaremos el maletín marrón de Henry y miraremos que contiene. Henry siempre llevaba ahí sus pociones para separar el bien y el mal. Me temo lo peor.- dijo Utterson
 Ni Moore ni Poole contestaron a Utterson, se levantaron los tres a la vez y se dirigían hacia la puerta cuando se encontraron a Candy. La señora llevaba una bata y una vela en la mano.
 -¿Os marcháis ya a elaborar vuestro plan?. Por favor, tened muchísimo cuidado ese Douglas es un cascarrabias. - dijo Candy bastante preocupada.
 -No se preocupe Candy, somos tres hombres. No creo que Douglas se atreva a hacernos ni el minimo gesto de violencia. - dijo Utterson
Sin más palabrería se dirigieron hacia la puerta de entrada y marcharon. Tan solo había unos escasos metros de la vivienda de Enfield a la de Douglas. Adentraron por el jardín lleno de malas hierbas, aquella casa daba miedo con tan solo mirarla. Caminando de puntillas y en silencio llegaron a la parte de atrás de la casa.
-Moore, Poole, no me equivoque. Voy a mirar si podemos entrar fácilmente en esta casa.- susurro Utterson.
Sin contestación ninguna, Utterson se acerco a la puerta. La puerta estaba demasiada oxidada y los cristales rotos. Se podía abrir fácilmente pero temía que esa puerta chirriara y los Anderson se alarmaran. Con éxito Utterson empujo ese portillo y no hizo el mínimo ruido.
Utterson entro primero, le seguía Moore y finalizando Poole. No se equivoco Utterson, aquello era la cocina. Estaba todo tan oscuro que no podían ver nada. Salieron de la cocina y justamente a la izquierda había una puerta, parecía el acceso a un sótano. Utterson decidió entrar.
 -Compañeros, entremos en este sótano y averigüemos que hay dentro- susurro Utterson a los demás.
No contestaron y Utterson abrió esa puerta. Se quedaron asombrados cuando vieron una luz en aquel sótano. Al abrir la puerta se encontraron una escalera de hierro un poco oxidada, ninguno se atrevían a bajarla cuando Poole se decidió en ser el. Miraron a Poole, estaba palido. Algo había visto para estar así. Hizo señas a sus compañeros para que bajaran y vieran lo que el mismo estaba viendo. Bajaron y observaron un cuerpo en el suelo, pálido. Esa persona estaba muerta.
En aquel sótano había varias mesas con experimentos, Utterson decidió acercarse al tablero más cercano. Aquellas pociones eran las de Henry, aquel hombre muerto en el suelo era Douglas. Moore y Poole miraron a Utterson estaban todos perplejos. De repente los tres hombres se fijaron en una puerta que había en ese sótano y decidieron abrir, esta vez el atrevido fue Moore. Estaba todo tan oscuro que no se podía ver lo que había detrás de aquella puerta, así que Poole saco unas cerillas que llevaba encima y alumbro. ¿Qué era eso, una persona atada a una silla?. Se escuchaba la respiración de algo. Moore dio varios pasos y alumbro. ¿Era Enfield?. Tantearon en la oscuridad y lograron encender una bombilla que había en esa habitación tan pequeña. Sorprendidos observaron que era Enfield, increíble.
 -¿Enfield, eres tu?- dijo Utterson con miedo
No podía hablar tenia tapada la boca. Se acercaron sigilosamente y claramente vieron que era su amigo Enfield.
 -¡Oh Enfield, querido primo! ¿Qué te ha hecho ese diabólico hombre?- dijo Utterson con gran angustia.
Poole desato a Enfield y por fin pudo hablar.
 -Queridos amigos, este hombre estaba drogado con las pociones de Henry. Ese nefasto ha muerto de una sobredosis de esa maldita pócima. He temido mi muerte- dijo Enfield con más tranquilidad.
 -Puedes estar tranquilo amigo, ese enfermo esta en el infierno. Al entrar al sótano nos lo encontramos en el suelo pálido y frio.- continuo Moore
 -Salgamos de aquí cuanto antes y vayamos a tu casa. Allí estaremos a salvo de cualquier cosa y nos explicaras mas detenidamente.- dijo Poole
Los cuatro hombres salieron sigilosamente de aquella casa y al llegar a la puerta de la bonita casa de Enfield, se escucho unos chillidos de la señora Anderson, al parecer había descubierto el cadáver de su marido. Entraron en la casa y la señora Candy se encontraba en unos de los sillones al lado de la chimenea. La señora escucho que habían entrado los señores.
 -Poole, Moore, Utterson ¿ha habido suerte?-pregunto la señora Candy sin saber que Enfield se encontraba con ellos.
 -Sí, señora Candy. Muchísima suerte. Hemos encontrado a nuestro querido Enfield.- contesto Utterson con una voz bastante alegre.
La señora al escuchar la contestación de Utterson se levanto lo mas rápido que pudo y corrió hacia la puerta. Efectivamente Enfield estaba con ellos. Candy no sabia que decir.
 -Pasemos al recibidor y tomemos asiento. Tengo mucho que contarles. Pero primero voy a cambiarme esta maldita ropa con la que llevo una semana- dijo Enfield.
Poole, Moore, Utterson y Candy tomaron asiento impacientes de la historia de Enfield. En la habitación ya se respiraba paz y tranquilidad.
Enfield apareció en la sala con una bata y ya un poco mas presentable.
 -Bueno..-comenzó Enfield- como ya sabéis, supongo, me dirigía hacia Darkplace hace más de una semana con el señor Douglas. Este señor hace un mes aproximadamente vino a pedir disculpas por todo el daño que había causado a la familia, no sabemos el porque nuestros antecesores estaban enfrentados es realmente un misterio pero acepte sus disculpas. Douglas me ofreció ir a Darkplace donde nuestros antecesores fueron a la oficina de correo a firmar unos acuerdos de orden de alejamiento para eliminarla y que reinara la paz pero cuando nos dirigíamos hacia aquel pueblo, Anderson me ofreció ir a su casa. Entramos por la puerta trasera, nadie se encontraba en aquella casa en ese momento y bajamos al sótano. Me ofreció bajar el primero y cuando iba por el tercer escalón me cerro la puerta. Decidí bajar toda la escalera. A los pocos minutos apareció Douglas y entro con un maletín marrón que ponía "Henry Jekyll". Me temía lo peor, ese señor estaba demente. Sacó de ese maletín una poción rojiza, la misma que la de Henry, se la tomo y rápidamente se produjo un cambio en Douglas. No quiero detallar ese momento tan amargo. Seguidamente ese infame hombre me golpeo y me encadeno a aquella silla. Durante toda una semana he visto como esa criatura maligna se drogaba una y otra vez. Gracias a dios que me habéis encontrado amigos, no sabéis lo mal que lo he pasado y al fin ese hombre esta en el infierno o quien sabe donde.
 -Por fin esta pesadilla ha terminado. Lo mejor es que olvidemos este tema. Douglas Anderson ha muerto, ya puedes estar tranquilo de que nadie deseara tu muerte.- dijo Utterson
Eran altas horas de la noche cuando los señores y Candy decidieron dormir ya tranquilos. Enfield por fin estaba en su casa y dormía plácidamente en su cama. Utterson con una sonrisa de satisfacción quedo dormido en aquella habitación espaciosa, los demás señores se adormilaron cada uno en sus habitaciones.
En aquel pueblo corrió la noticia como la polvera y los habitantes ya estaban mas tranquilos.

Continuación del libro "De la Tierra a la Luna".

     Como anteriormente habían citado los miembros del Gun Club, la única parte visible de la Luna para nosotros, los humanos, no poseía agua ni aire. Sin embargo, ya que el eje de la Luna se encuentra en la parte opuesta, es decir, la que no alcanzamos a ver, toda masa de agua y aire que pudiera existir en nuestro satélite, se habrían visto atraídas hacia esa cara opuesta. Por lo tanto, era posible que existiera algún rastro de vida alienígena.

     Tras el fracaso del proyecto de la empresa, esta se puso manos a la obra en intentar un nuevo lanzamiento de un proyectil casi idéntico al anterior. Nombraron como nuevo dirigente al frente del Gun Club a Charles Thompson. 

     Eran conscientes de que las fórmulas llevadas a cabo por el Gun Club para averiguar la hora exacta a la que sería lanzado el proyectil estaban mal resueltas, por lo que, mediante otras operaciones matemáticas pero con igual objetivo, llegaron a la conclusión de que si se hubiera lanzado 5 minutos antes, este habría alcanzado con éxito el satélite terrestre.

     También eran conscientes de que para que esto ocurriera, tendrían que haber transcurrido 18 años y 11 días. Pero este hecho no chafó el plan de la empresa. Su obsesión era tal, que no les importaba esperar lo que fuere para conseguir su objetivo más deseado. Se hallaban absolutamente convencidos.

     Gracias a la cantidad de tiempo tan largo del que disponían, se emplearon al máximo por que ese día nada fallara.

     Transcurridos varios años, 15 en concreto, la empresa seguía con la misma ambición, incluso aún con más ganas de llevar a cabo el viaje. Lo tenían todo a punto, solo faltaba colocar el proyectil en su suporte para efectuar tan deseado viaje. Estaban convencidos de que nada podría ir mal.

     Ya apenas faltaban 2 meses, y las televisiones de todo el mundo nos bombardeaban a base de grandes avalanchas de noticias, informando así del gran momento que viviría el planeta en pocos días. Todos sabían que esto iba a ser un gran avance para la civilización humana.

     Una semana antes del lanzamiento, los ojos de todo el mundo miraban fijamente al proyectil, ansioso de penetrar el horizonte.

     El viaje lo iba a efectuar el nuevo dirigente del Gun Club, Charles Thompson. El cual daba su vida, si hiciera falta, por la empresa. Estaba perfectamente mentalizado como para saber que si algo saliese mal, al igual que las otras tres personas que efectuaron el viaje, se pudriría en el espacio ante la atenta mirada de los millones de personas que lo vigilarían desde nuestro planeta.

     Al fin llegó tan esperado día. Tras de sí dejó 18 años y 11 días con todos sus correspondientes minutos y segundos de espera angustiosa. Todos miraron al proyectil, ya colocado en su soporte. Dentro se hallaba el dirigente del Gun Club. Las miradas de los allí presentes miraban con cierta impotencia como se acercaba la hora exacta en la que los tres viajeros, que ahora se encontraban dando vueltas alrededor de la Luna, se despedían por completo de la Tierra, y marchaban hacia el espacio. Transcurridos 4 minutos y medio después de este momento, todos esperaban con todas las ganas del mundo a que se desgajasen esos 30 segundos restantes y por fin, el proyectil pusiera rumbo a la Luna.

     3, 2, 1, ¡Fuego! La gran llamarada impulsó el proyectil, y pronto se perdió en el cielo. Durante todo el viaje, el proyectil sería contemplado a través de telescopios de todo el mundo. 

     Transcurridos cinco días, por fin, pisó la Luna. Charles Thompson no podía creer lo que estaban viendo sus ojos. Cuando bajó de la nave, se encontró a un grupo bastante numeroso de seres con vida. Eran de estatura baja, aproximadamente 1,20 m. Poseían una cabeza muy grande en comparación con los humanos, y ensanchada por ambos lados. Carecían de orejas, solo se dejaban ver unos pequeños orificios, que daban a entender que serían sus órganos de audición. Grandes ojos, algunos verdes y otros azules, con mirada penetrante y no pestañeaban.

     Charles se quedó anonadado ante este situación. Delante de todo este "ejército alienígena" se encontraban sanos y salvos Barbicane, Nicholl y Michel Ardan. Charles no entendía tan surrealista situación, y al darse cuenta de ello, Barbicane dio un paso hacia delante y le explicó de la siguiente manera:

     -Hola, Charles. Tenemos que daros una noticia a ti y a toda la civilización humana. Cuando llevábamos 3 meses suspendidos en la nave y dando vueltas alrededor de la Luna, una nave extraña se acercó a nosotros. Eran alienígenas y venían a rescatarnos.
     -¡Vaya! -exclamó Charles con alegría y sorpresa a la vez. -¿Así que no estoy soñando verdad?
     -En absoluto. -Dijo Nicholl alegre.
A esto siguió Barbicane:
     -Así que nos rescataron y durante estos 18 años nos han estado alimentando y dándonos todo lo necesario. Les estamos muy agradecidos. Y los alienígenas eran conscientes de que el Gun Club iba a efectuar este viaje, y por eso hemos venido hoy aquí.
Charles seguía sin creerlo... Al fin, convencido de todo, fue a saludar a todos los que se encontraban allí, y le explicaron brevemente el plan que tenían ideado:
-Hola Charles, somos habitantes de la Luna, y como conocemos de vuestro interés por averiguar que existe vida en este satélite, hemos pensado en hacer un viaje a la Tierra para que humanos y alienígenas estemos unidos para siempre.
-¡Buena idea! -expresó Charles Thompson con exaltada alegría. -Sin duda es una magnífica idea.
Prosiguió el alien:
-Lo tenemos ya todo planificado y el viaje se efectuará mañana. Viajaréis ustedes y el máximo representante de la Luna.

     Llegó el día, y Charles Thompson, Barbicane, Nicholl, Michel Ardan y el máximo representante del satélite terrestre se encontraban en la nave esperando a que ésta despegase. Pusieron rumbo a la Tierra, y tras 5 horas de viaje a una velocidad estrepitosa, aterrizaron en el aeropuerto de Florida. Bajaron de la nave, y se pusieron en contacto con los medios de comunicación de todo el país. Más tarde se hicieron eco de ello los demás medios informativos de todo el mundo.

     El alienígena, acompañado de los cuatro viajeros, se citaron con los medios en un enorme auditorio de Florida. Allí, el representante de la Luna explicó:

     -Para comenzar, buenos días a todos. Supongo que estaréis extrañados con mi visita, pues bien, soy el máximo representante de vuestro satélite. Y vengo para comunicaros que no queremos que esto estalle en una guerra ni nada por el estilo. Vengo a que firmemos la paz, y nuestros dos mundos estén unidos durante el resto de los días.

     El alcance de esta noticia bomba se extendió por todo el planeta, y a todos les pareció buena la idea. A partir de ese momento, alienígenas y humanos convivían con la máxima naturalidad.



    

    


viernes, 17 de enero de 2014

Historia de dos ciudades

      De ese modo, llegaron a Inglaterra sobre las diez de la noche.

     Ya en su cama, Lucie se puso a pensar. No entendía porqué Carton había tomado esa decisión. De pronto, las palabras que su amigo le había dirigido la última vez que se vieron resonaron en su cabeza: "Cuando usted sea una esposa y una madre feliz, no olvide que yo sería capaz de cualquier cosa por usted o por sus seres queridos." Entonces, una sensación que nunca había experimentado la recorrió de arriba a abajo, desde la cabeza hasta los pies, una gran tristeza  unida a una enorme gratitud.

     A la mañana siguiente, todo volvió a la normalidad en casa de los Manette. Todos se comportaban como si nada hubiera pasado, como si nunca hubiera existido ese viaje a Francia para rescatar a Darnay, ni la revolución, ni ningún otro recuerdo de aquella terrible historia. Hicieron lo correcto, era mejor olvidar.

     Una noche de invierno, ya pasados varios años, una carta le llegó al señor Manette. La revolución había acabado, la gente del pueblo había ganado y los reyes habían muerto, al igual que muchos otros nobles. Ahora, una república gobernaba Francia. En realidad, la carta tampoco les importó mucho, no pensaban regresar a Francia, ocurriese lo que ocurriese.
    
     A los pocos días, un mensajero llegó a casa de los Manette con una buenísima noticia:

      - ¿Podría hablar con el doctor Manette, por favor?.

      - Sí, soy yo.

      - ¿Conoce usted a un tal Sydney Carton?

    - Sí, por supuesto, era amigo de la familia. Desgraciadamente, murió hace algunos años.

    - Me temo que no fue así. Se hizo pasar por un miembro de la familia de Saint-Evrémonde, poco querida en Francia, y condenado a la guillotina en su lugar. Pero, justo antes de que la cuchilla atravesase su cuello, alguien lo impidió. Él contó la verdad y fue liberado. ¿No conocen la historia?

     - No, no éramos conscientes de nada. ¿Dónde está Carton?

   - Eso es un misterio. Huyó del país hace algunos meses, por eso estoy aquí. Necesitamos encontrarle, para averiguar dónde está Charles Darnay. La república quiere acabar con él, cueste lo que cueste.

    - Siento no poder ayudarle. No sé el paradero de los señores Carton y Darnay. Si me disculpa, tengo cosas que hacer. Buenas tardes.

      Entonces, cerró la puerta ante la mirada atónita del mensajero.

     Esa misma noche, en medio de una tormenta, alguien llamó a la puerta. Lucie fue a abrir.

     - ¡Carton! Pensábamos que nunca volveríamos a verte.- dijo Lucie llorando.

     - Yo también lo creía.

     - Vamos, pasa y cuéntanos lo ocurrido.

       Carton se sentó junto a la chimenea y comenzó a relatar:

  - Me taparon la cabeza y aquel artilugio empezó a hacer unos ruidos muy desagradables. Justo cuando creía que había llegado el fin, alguien apareció y gritó: "¡Alto! Ese no es Darnay." Me quitaron la capucha y comprobaron mi verdadera identidad. Nadie en la plaza daba crédito. Finalmente, me llevaron frente a Defarge. "¡Carton!- gritó. ¿Cómo puedes haber hecho eso? Íbamos a matar a ese traidor de una vez por todas. Por tu culpa, ese bribón habrá huido ya de Francia. Yo no contesté, no iba a gastar saliva con alguien como él, un ruín asesino. Así, me sometieron a cinco meses de trabajos forzados. Cuando me liberaron, huí del país y... aquí estoy.

    - Pero, ¿quién fue la persona que descubrió tu verdadera identidad?- preguntó el doctor.

    - Fue Barsad. Ese espía averiguó lo que tramábamos.

    - Bueno, lo importante es que estamos todos a salvo.

    - No del todo. ¿Recordáis a la señora Defarge?

    - Sí, ¿cómo la íbamos a olvidar?

   - Pues apareció muerta, justo en el lugar donde os alojásteis durante vuestra estancia en Francia. Ahora todo el país os busca.

    - Pero, ¿cómo es posible? Esta mañana vino un mensajero francés a preguntar por tí, Carton, y no nos dijo nada de eso.

   - Recordad que se tardan varios días en llegar hasta Inglaterra. Cuando ese hombre partió hacia Londres, aún no se había descubierto el cadáver. Por ese motivo estoy aquí. Mañana huiremos a España y viviremos en adelante, con otra identidad, en un pequeño pueblo del sur llamado Alcalá del Río.

   .... Y el apellido Pérez de Molina se mantuvo en la localidad durante varias generaciones.




























jueves, 16 de enero de 2014

Continuación El Mago de Oz.

Dorotea abrió los ojos y lo primero que vio fue que estaba recostada en su pequeña cama. Toto estaba dormido a su lado, pero no tardó en despertarse cuando escuchó a su ama levantarse. Tía Ema llamó a la puerta y le dio mucha alegría ver a Dorotea pues acababa de salir de un profundo coma de tres meses. La niña no entendía nada, pues, para ella, ayer a la tarde regresó a casa después de su gran aventura en la Tierra de Oz.

Volvió a su cama después de comer y se sorprendió al ver en una mesita dos figuritas. Una era un leñador y la otra una bella mujer que iba agarrada de su pequeño brazo. Entonces, algo le resultó familiar y al fijarse en el leñador se dio cuenta de que su piel era plateada como una moneda, y pensó en su amigo el Leñador de Hojalata y en su amada, la cual recuperó al conseguir su corazón. Al lado de otra mesa donde había una vela que iluminaba la habitación, se encontraba una estatua de un león de cristal. Tía Ema le advirtió de que tuviera mucho cuidado con él, ya que era de cristal y a su vez, muy frágil y tenían miedo de que se fuera a caer y romper. Luego, vio que un había allí un sofá desgastado que tenía un agujero por el cual se podía ver restos de paja de su interior y esta vez preguntó a tío.

-Tío Enrique, ¿qué hace ese sofá ahí y por qué está roto?
-Lo compró tu tía en el mercadillo del pueblo y como necesitábamos algo de paja para hacer un espantapájaros la cogimos de ahí. Este año han venido muchos pájarracos al pueblo y se quieren comer la cosecha.
-¿Un espantapájaros? ¿Podrías enseñármelo?

Seguía siendo un hombre de pocas palabras y sin decirle nada se giró y miro a la niña de tal forma que ella entendió que debía seguirle.

Llegaron al huerto y le enseñó el gran espantapájaros. Dorotea se puso a llorar y marchó a casa corriendo porque era igual que su amigo el Espantapájaros y lo echaba tanto de menos...

Pasó el día entero en su cama, incluso Toto estaba triste, ya que él también echaba de menos a sus amigos. A la mañana siguiente el curioso perrito escuchó un gran ruido y de un salto bajó de la cama y se plantó en la puerta de la calle. Entonces, vio un camión enorme, -aun más enorme que el estruendo- y observó que había muchos animales y personas con diferentes trajes muy coloridos y divertidos. Ladró fuerte como si de un ladrón se tratase y una vez que despertó a Dorotea y se asomó a la puerta, vio a un hombre bajito, el cual tenía cierto parentesco con "El Mago de Oz" pero tras estar varios minutos observándole se dio cuenta de que no se parecía Oz, sino que era él. Corrió hacia el hombre tan rápido como pudo y se dirigió a él muy enfadada, pues se fue sin ella y la dejó en aquel lugar. Pero para su sorpresa no la reconoció.

Habían pasado cosas muy raras últimamente, pues no encontraba explicación a que todos sus amigos se encontraran en figuras o estatuas e incluso en personas de carne y hueso. Estaba tan confusa que no salió de su cama en ocho días y nueve noches pero aquella mañana fue diferente, pues, su tía no le trajo el desayuno, pero no le dio importancia porque tampoco tenía mucha hambre. Llegaron las dos del mediodía y nadie le traía la comida, así que decidió levantarse al fin y ver dónde se encontraba su familia.

Un papel mojado cayó al suelo sucio, y tras el papel dos gotas que se secaron en la madera. Aquello superaba todos sus límites, no podía creer lo que estaba viendo:

"Hola cariño, supongo que ya estarás despierta, tienes comida en el armario y te dejamos en la hucha todos nuestros ahorros. No podemos seguir con esto, desde que despertaste del coma estas muy extraña y nos empiezas a dar miedo. Hemos decidido irnos para siempre.
                                                                                         Te quieren, tus tíos."

Toto al verla llorar se acercó a ella y humedeció su mano con su hocico. Dorotea se limpió la cara y con la mirada ausente se fue hacia la cama, se tumbó y al cabo de un mes encontraron el cuerpo sin vida de la niña. El perrito seguía a su lado, pues el amor que sentía por su dueña era tal que ni la muerte haría que se separaran nunca.

viernes, 10 de enero de 2014

Continuación del libro "Viaje al centro de la Tierra"


Han pasado ya muchos años desde aquel viaje que hice con el profesor y con Hans. También han ocurrido muchas cosas desde aquel día. Grauben  y yo hemos tenido tres hijos, dos chicos. Alex, es el mayor de los tres, tiene 14 años, es moreno de ojos azules y piel blanquecina, no estudia lo suficiente pero le gusta jugar a la pelota en un descampado que hay a cien metros de donde vivimos. Otto es el mediano, tiene siete años, se esmera bastante en los estudios y  según Grauben tiene cierto parecido al  a mi tío además del nombre que elegimos en su honor, le fascinan las matemáticas, de mayor le gustaría ser científico. Anna es la pequeña de la familia, tiene dos añitos y ha heredado los ojos de su madre, ya sabe andar y solo hace dar vueltas por toda la casa.

En los últimos meses había una serie de preguntas que me inquietaban, después de a ver leído un manuscrito escrito por mi tío, en el narraba diferentes historias y dejaba constancias de sus investigaciones, descubrimientos científicos y  enigmas que preocupan en  la comunidad científica, entre las muchas incógnitas  y cuestiones sin resolver , me llamo especialmente la atención ¿ cómo se había formado la bola de fuego , que durante nuestra aventura fue capaz de descontrolar  la  brújula y que me hizo pensar en la parte oscura del centro de la tierra.
Cierto día decidí ir a la universidad más culta de aquel entonces, la universidad de Utrecht, una universidad neerlandesa situada en Utrecht, en los Países Bajos; a contar la anécdota del disco de fuego, y compartir las posibles respuestas con los alumnos que estudiaran  geología. Además consulte   con un amigo profesor de esa universidad el señor Louis Verm.
Me recibió con un cálido abrazo y estuvimos charlando de camino a la universidad.
-¿Qué tal, Axel,  amigo mío? – pregunto amigablemente.-
-Pues he venido a hacerte una propuesta, que te parece si le cuento a tus alumnos una anécdota que me pasó en un viaje que hice al centro de la Tierra y a ver si  me ayudan a resolver una incógnita y poder  llegar a la resolución  académica que la explique-.
-De acuerdo.- dijo, seguidamente pusimos rumbo a la universidad no había tiempo que perder.
Una vez allí; frente a los alumnos de aquella prestigiosa escuela les conté todo lo que pasó en aquel viaje detalladamente y después les hice la pregunta que tanto me inquietaba.
-¿Cómo creéis que se había formado el disco de fuego?.-  Al instante un alumno regordete y con cara de pocos amigos me indica que quiere dar su respuesta.-
- Y bien amigo adelante.-
-Señor Axel , yo creo que el disco de fuego fue provocado por la gran presión que debe haber en la altitud de más cercanía al centro de la tierra. Mi respuesta la basa en que debía ascender de dentro hacia fuera donde estaba sometido la presión  provocada por el magnetismo que giraba a tal velocidad que parecía un disco de fuego en llamas.-
-Todos los allí presente nos aplaudimos ante el razonamiento de aquel chaval que nos sorprendió enormemente, y que con tan corta edad poseía ya capacidad y conocimiento suficiente para respondernos con tanta facilidad.-
-¿Cómo te llamas chaval?.-
- Francis Saknussemm.-