Sin saber que hacer, fuiste a tu pequeño apartamento. Todo estaba tal y como lo habías dejado: la ropa por el suelo, el frigorífico casi vacío... Pero te daba igual. Fuiste directamente a la ducha, de ahí a la cama, y de ésta a tus pensamientos. Te propusiste descubrir que le sucedió a la inglesa, puede que por pena o puede que por curiosidad, pero da igual. Cuando te despertaste, sólo conocías un lugar en el que la extranjera hubiera estado, y ese era Zagreb, el restaurante.
Antes de ir a ningún lado, fuiste al bar en el que siempre desayunabas. Tomaste lo de siempre: un café con leche y dos bollos alemanes de los que desconoces el nombre. Mientras desayunabas, diferenciaste, entre toda la cháchara del bar, a dos individuos hablando sobre algo inquietante:
- ¿Sabes lo que ha pasado en el nuevo restaurante ese? - lograste traducir
- ¿Que ha pasado?
- Deberías verlo con tus propios ojos.
No sabías por qué, pero tenías un mal presentimiento. Cogiste tu coche, buscaste las llaves de tu bolsillo, metiste las llaves... pero todo en vano, puesto que no tenías gasolina. Aunque estaba lejos, con perseverancia conseguiste andar dos pasos hasta el taxi más cercano, pero cuando llegaste, no podías creer lo que estaba ante tus ojos.
Todo estaba precintado, con cintas que decían BUNDESPOLIZEI (supusiste que decía "policía"). Un escalofrío te recorrió todo el cuerpo. Pese a que había agentes guardando la zona, saltaste todas las cintas y entraste al negocio.
Viste una mancha roja en el suelo, seguramente sangre, rodeando un cuerpo familiar. De repente, oíste un sonido metálico: una navaja había caído de tus ensangrentadas manos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario