viernes, 17 de enero de 2014

Historia de dos ciudades

      De ese modo, llegaron a Inglaterra sobre las diez de la noche.

     Ya en su cama, Lucie se puso a pensar. No entendía porqué Carton había tomado esa decisión. De pronto, las palabras que su amigo le había dirigido la última vez que se vieron resonaron en su cabeza: "Cuando usted sea una esposa y una madre feliz, no olvide que yo sería capaz de cualquier cosa por usted o por sus seres queridos." Entonces, una sensación que nunca había experimentado la recorrió de arriba a abajo, desde la cabeza hasta los pies, una gran tristeza  unida a una enorme gratitud.

     A la mañana siguiente, todo volvió a la normalidad en casa de los Manette. Todos se comportaban como si nada hubiera pasado, como si nunca hubiera existido ese viaje a Francia para rescatar a Darnay, ni la revolución, ni ningún otro recuerdo de aquella terrible historia. Hicieron lo correcto, era mejor olvidar.

     Una noche de invierno, ya pasados varios años, una carta le llegó al señor Manette. La revolución había acabado, la gente del pueblo había ganado y los reyes habían muerto, al igual que muchos otros nobles. Ahora, una república gobernaba Francia. En realidad, la carta tampoco les importó mucho, no pensaban regresar a Francia, ocurriese lo que ocurriese.
    
     A los pocos días, un mensajero llegó a casa de los Manette con una buenísima noticia:

      - ¿Podría hablar con el doctor Manette, por favor?.

      - Sí, soy yo.

      - ¿Conoce usted a un tal Sydney Carton?

    - Sí, por supuesto, era amigo de la familia. Desgraciadamente, murió hace algunos años.

    - Me temo que no fue así. Se hizo pasar por un miembro de la familia de Saint-Evrémonde, poco querida en Francia, y condenado a la guillotina en su lugar. Pero, justo antes de que la cuchilla atravesase su cuello, alguien lo impidió. Él contó la verdad y fue liberado. ¿No conocen la historia?

     - No, no éramos conscientes de nada. ¿Dónde está Carton?

   - Eso es un misterio. Huyó del país hace algunos meses, por eso estoy aquí. Necesitamos encontrarle, para averiguar dónde está Charles Darnay. La república quiere acabar con él, cueste lo que cueste.

    - Siento no poder ayudarle. No sé el paradero de los señores Carton y Darnay. Si me disculpa, tengo cosas que hacer. Buenas tardes.

      Entonces, cerró la puerta ante la mirada atónita del mensajero.

     Esa misma noche, en medio de una tormenta, alguien llamó a la puerta. Lucie fue a abrir.

     - ¡Carton! Pensábamos que nunca volveríamos a verte.- dijo Lucie llorando.

     - Yo también lo creía.

     - Vamos, pasa y cuéntanos lo ocurrido.

       Carton se sentó junto a la chimenea y comenzó a relatar:

  - Me taparon la cabeza y aquel artilugio empezó a hacer unos ruidos muy desagradables. Justo cuando creía que había llegado el fin, alguien apareció y gritó: "¡Alto! Ese no es Darnay." Me quitaron la capucha y comprobaron mi verdadera identidad. Nadie en la plaza daba crédito. Finalmente, me llevaron frente a Defarge. "¡Carton!- gritó. ¿Cómo puedes haber hecho eso? Íbamos a matar a ese traidor de una vez por todas. Por tu culpa, ese bribón habrá huido ya de Francia. Yo no contesté, no iba a gastar saliva con alguien como él, un ruín asesino. Así, me sometieron a cinco meses de trabajos forzados. Cuando me liberaron, huí del país y... aquí estoy.

    - Pero, ¿quién fue la persona que descubrió tu verdadera identidad?- preguntó el doctor.

    - Fue Barsad. Ese espía averiguó lo que tramábamos.

    - Bueno, lo importante es que estamos todos a salvo.

    - No del todo. ¿Recordáis a la señora Defarge?

    - Sí, ¿cómo la íbamos a olvidar?

   - Pues apareció muerta, justo en el lugar donde os alojásteis durante vuestra estancia en Francia. Ahora todo el país os busca.

    - Pero, ¿cómo es posible? Esta mañana vino un mensajero francés a preguntar por tí, Carton, y no nos dijo nada de eso.

   - Recordad que se tardan varios días en llegar hasta Inglaterra. Cuando ese hombre partió hacia Londres, aún no se había descubierto el cadáver. Por ese motivo estoy aquí. Mañana huiremos a España y viviremos en adelante, con otra identidad, en un pequeño pueblo del sur llamado Alcalá del Río.

   .... Y el apellido Pérez de Molina se mantuvo en la localidad durante varias generaciones.




























jueves, 16 de enero de 2014

Continuación El Mago de Oz.

Dorotea abrió los ojos y lo primero que vio fue que estaba recostada en su pequeña cama. Toto estaba dormido a su lado, pero no tardó en despertarse cuando escuchó a su ama levantarse. Tía Ema llamó a la puerta y le dio mucha alegría ver a Dorotea pues acababa de salir de un profundo coma de tres meses. La niña no entendía nada, pues, para ella, ayer a la tarde regresó a casa después de su gran aventura en la Tierra de Oz.

Volvió a su cama después de comer y se sorprendió al ver en una mesita dos figuritas. Una era un leñador y la otra una bella mujer que iba agarrada de su pequeño brazo. Entonces, algo le resultó familiar y al fijarse en el leñador se dio cuenta de que su piel era plateada como una moneda, y pensó en su amigo el Leñador de Hojalata y en su amada, la cual recuperó al conseguir su corazón. Al lado de otra mesa donde había una vela que iluminaba la habitación, se encontraba una estatua de un león de cristal. Tía Ema le advirtió de que tuviera mucho cuidado con él, ya que era de cristal y a su vez, muy frágil y tenían miedo de que se fuera a caer y romper. Luego, vio que un había allí un sofá desgastado que tenía un agujero por el cual se podía ver restos de paja de su interior y esta vez preguntó a tío.

-Tío Enrique, ¿qué hace ese sofá ahí y por qué está roto?
-Lo compró tu tía en el mercadillo del pueblo y como necesitábamos algo de paja para hacer un espantapájaros la cogimos de ahí. Este año han venido muchos pájarracos al pueblo y se quieren comer la cosecha.
-¿Un espantapájaros? ¿Podrías enseñármelo?

Seguía siendo un hombre de pocas palabras y sin decirle nada se giró y miro a la niña de tal forma que ella entendió que debía seguirle.

Llegaron al huerto y le enseñó el gran espantapájaros. Dorotea se puso a llorar y marchó a casa corriendo porque era igual que su amigo el Espantapájaros y lo echaba tanto de menos...

Pasó el día entero en su cama, incluso Toto estaba triste, ya que él también echaba de menos a sus amigos. A la mañana siguiente el curioso perrito escuchó un gran ruido y de un salto bajó de la cama y se plantó en la puerta de la calle. Entonces, vio un camión enorme, -aun más enorme que el estruendo- y observó que había muchos animales y personas con diferentes trajes muy coloridos y divertidos. Ladró fuerte como si de un ladrón se tratase y una vez que despertó a Dorotea y se asomó a la puerta, vio a un hombre bajito, el cual tenía cierto parentesco con "El Mago de Oz" pero tras estar varios minutos observándole se dio cuenta de que no se parecía Oz, sino que era él. Corrió hacia el hombre tan rápido como pudo y se dirigió a él muy enfadada, pues se fue sin ella y la dejó en aquel lugar. Pero para su sorpresa no la reconoció.

Habían pasado cosas muy raras últimamente, pues no encontraba explicación a que todos sus amigos se encontraran en figuras o estatuas e incluso en personas de carne y hueso. Estaba tan confusa que no salió de su cama en ocho días y nueve noches pero aquella mañana fue diferente, pues, su tía no le trajo el desayuno, pero no le dio importancia porque tampoco tenía mucha hambre. Llegaron las dos del mediodía y nadie le traía la comida, así que decidió levantarse al fin y ver dónde se encontraba su familia.

Un papel mojado cayó al suelo sucio, y tras el papel dos gotas que se secaron en la madera. Aquello superaba todos sus límites, no podía creer lo que estaba viendo:

"Hola cariño, supongo que ya estarás despierta, tienes comida en el armario y te dejamos en la hucha todos nuestros ahorros. No podemos seguir con esto, desde que despertaste del coma estas muy extraña y nos empiezas a dar miedo. Hemos decidido irnos para siempre.
                                                                                         Te quieren, tus tíos."

Toto al verla llorar se acercó a ella y humedeció su mano con su hocico. Dorotea se limpió la cara y con la mirada ausente se fue hacia la cama, se tumbó y al cabo de un mes encontraron el cuerpo sin vida de la niña. El perrito seguía a su lado, pues el amor que sentía por su dueña era tal que ni la muerte haría que se separaran nunca.

viernes, 10 de enero de 2014

Continuación del libro "Viaje al centro de la Tierra"


Han pasado ya muchos años desde aquel viaje que hice con el profesor y con Hans. También han ocurrido muchas cosas desde aquel día. Grauben  y yo hemos tenido tres hijos, dos chicos. Alex, es el mayor de los tres, tiene 14 años, es moreno de ojos azules y piel blanquecina, no estudia lo suficiente pero le gusta jugar a la pelota en un descampado que hay a cien metros de donde vivimos. Otto es el mediano, tiene siete años, se esmera bastante en los estudios y  según Grauben tiene cierto parecido al  a mi tío además del nombre que elegimos en su honor, le fascinan las matemáticas, de mayor le gustaría ser científico. Anna es la pequeña de la familia, tiene dos añitos y ha heredado los ojos de su madre, ya sabe andar y solo hace dar vueltas por toda la casa.

En los últimos meses había una serie de preguntas que me inquietaban, después de a ver leído un manuscrito escrito por mi tío, en el narraba diferentes historias y dejaba constancias de sus investigaciones, descubrimientos científicos y  enigmas que preocupan en  la comunidad científica, entre las muchas incógnitas  y cuestiones sin resolver , me llamo especialmente la atención ¿ cómo se había formado la bola de fuego , que durante nuestra aventura fue capaz de descontrolar  la  brújula y que me hizo pensar en la parte oscura del centro de la tierra.
Cierto día decidí ir a la universidad más culta de aquel entonces, la universidad de Utrecht, una universidad neerlandesa situada en Utrecht, en los Países Bajos; a contar la anécdota del disco de fuego, y compartir las posibles respuestas con los alumnos que estudiaran  geología. Además consulte   con un amigo profesor de esa universidad el señor Louis Verm.
Me recibió con un cálido abrazo y estuvimos charlando de camino a la universidad.
-¿Qué tal, Axel,  amigo mío? – pregunto amigablemente.-
-Pues he venido a hacerte una propuesta, que te parece si le cuento a tus alumnos una anécdota que me pasó en un viaje que hice al centro de la Tierra y a ver si  me ayudan a resolver una incógnita y poder  llegar a la resolución  académica que la explique-.
-De acuerdo.- dijo, seguidamente pusimos rumbo a la universidad no había tiempo que perder.
Una vez allí; frente a los alumnos de aquella prestigiosa escuela les conté todo lo que pasó en aquel viaje detalladamente y después les hice la pregunta que tanto me inquietaba.
-¿Cómo creéis que se había formado el disco de fuego?.-  Al instante un alumno regordete y con cara de pocos amigos me indica que quiere dar su respuesta.-
- Y bien amigo adelante.-
-Señor Axel , yo creo que el disco de fuego fue provocado por la gran presión que debe haber en la altitud de más cercanía al centro de la tierra. Mi respuesta la basa en que debía ascender de dentro hacia fuera donde estaba sometido la presión  provocada por el magnetismo que giraba a tal velocidad que parecía un disco de fuego en llamas.-
-Todos los allí presente nos aplaudimos ante el razonamiento de aquel chaval que nos sorprendió enormemente, y que con tan corta edad poseía ya capacidad y conocimiento suficiente para respondernos con tanta facilidad.-
-¿Cómo te llamas chaval?.-
- Francis Saknussemm.-

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Continuación del libro "Zonas Interiores"

Sagrario se acomodo en su casa y con la ayuda de Alejandra pudo descansar tras el parto. Mientras Regina se dirigía a casa de esta para ayudar.

De camino se chocó con un joven de su edad se pidieron disculpas. y siguieron su camino. Al llegar se pusieron manos a la obra para las necesidades de Sagrario.

Regina le contó lo sucedido a Alejandra y esta le explicó que era su primo Alberto. Un Atrevido deportista leal y la última característica fue "Soltero". Al escuchar esto Regina se emocionó ya que no tenía pareja y el podría serlo.

Unos días más tarde Regina y Alberto quedaron en una cafetería para conocerse.

-Alberto.

-Sí soy yo. ¿Tú eres Regina, nó?

-Sí.

Tras unas horas de conversación llegó la despedida de la que la joven quería huir. Descubrió muchas cosas de este personaje como que era escalador al igual que ella , etc.

Pasaron semanas y semanas, hasta meses, de citas y llegó la hora de la confirmación de la relación.

-Hola Regi.

-Hola- Sonrió.

-Tengo una duda de nuestro rollo

-Así, haber cuáles.

-¿Vamos enserio? Porque desearía saberlo.

-Yo pienso que sí ¿no?

-Yo, yo, YO TE AMO, eres el amor de mi vida y pienso que si esto no ha sido una relación e sido tonto al creerlo ...

Antes de terminar la oración Regina se levanto y le beso con tal pasión que pensaban que estaban en otra galaxia o mundo.

La isla del tesoro.

Al volver a Irlanda empecé a redactar cada hechos que habían sucedido en aquella trágica y exitosa aventura. Pero desconocía el origen de todo, por qué Flint decidió esconder sus riquezas, cómo llegó el mapa al poder de Billy... Todo era misterioso y sombrío. Así pues emprendí una búsqueda minuciosa de información. Pasados incontables meses por fin descubrí todo lo que había ocurrido.

Flint era un pirata ambicioso, sanginario, obsesivo y más que un poco demente. Dedicó toda su vida a la caza de tesoros. Hasta que de repente se cansó de su estilo de vida y lo empezó a hacer todo a la inversa. Encontró una buena goleta, el Walrus, y organizó una tripulación cuyos dirigentes eran él como capitán, Billy Bones, segundo de a bordo; Jonh Silver, contramaestre; y Israel Hands, astillero. Entre ellos también estaban Pew, Perro-Negro, Ben Gunn y Allardyce.

-¡Todos a bordo!- Exclamó Flint.
- Es todo un placer ser su segundo.- Contestó Billy con emoción.- No se descepcionará de mi trabajo.

Ya estaban todos en cubierta, y listos para empezar. El viaje emprendió. Varias noches frías quedaban por pasar, pero se hacían más leves con las constantes rondas de ron y grog que se servían y las canciones inevntadas como:
Quince Hombres van en el Cofre del Muerto.
¡Ron, ron, ron! Una botella de ron.

Al anochecer, el vigilante alzó la voz con solo una única palabra:

-¡Tierra!¡Tierra!

Todos se apresusaron para ver la majestuosa isla que se escondía bajo la niebla del ocaso. A la salida del alba se disipó la nublina y seis piratas bajaron a tierra transportando 20 kilos de riquezas. Flint, Allardyce, Ben, Liam, Cullen y Aidan fueron los que bajaron a tierra y nuevo se quedaron en el barco.

Tras enterrar el tesoro, Flint asesinó a los que le ayudaron, menos a Ben que consiguió escapar y ocultarse en la isla. El cuerpo de Allardyce fue utilizado como pista para encontrar el cofre.

 A las cabo de dos semanas se vio por primera vez un movimiento desde la tierra al navío. Se acercaba un bote, pero muy lentamente. Cuando ya estaba a cierta distancia Pew vio que solo volvía Flint.

Al llegar todos corrienron hacia su capitán:

- ¿Dónde están los demás?
- Ya no existen.- Contestó Flint serio.

El viaje fue un verdadero infierno, ya no había copas de ron ni canciones piratas. Flint se volvió en un demente a quien nadie era capaz de desafiar, pues los tres que lo intentaron dos acabaron cojos y otro ciego.

Al llegar al puerto, Flint le entregó el mapa diseñado por él a Billy.

-Billy deposito total confianza en ti, te entrego esto. He de hacer un último viaje y no uno cualquiera, uno eterno. Ve a un lugar escondido y alejado donde nadie pueda encontrar el mapa. Por último, <<¡Piezas de a ocho!>>, que no se te olvide.

Billy no pidió explicaciones, permaneció callado y buscó ese lugar alejado, que no iba a ser otro que mi taberna, Almirante Benbow.




Morirás en Chafarinas. Continuación

     La oscuridad invadía por completo mi visión, pero al fin logré divisar en lo profundo de la niebla una misteriosa sombra. Me resultaba un tanto familiar, o tal vez no. Esa noche era exactamente como la última que viví en Chafarinas. Nada parecía lo que en realidad era. De repente un timbrazo en el oído logró despertarme. Fui a contestar.

     -Amigo Jaime abre. Hassán aquí de nuevo.
No podía creerlo. Estaba anonadado. Llevaba siglos sin oír esa voz,y me alegraba completamente poder hablar de nuevo con él.

     -¿Jaime?...¿Tú estar ahí?
     -...Sí... Sí... Estoy aquí. ¡Cuánto tiempo Hassán! 
     -Abre, Hassán tener que contarte muchas cosas.

Salí pitando a abrirle, le invité a tomar algo,y me contó todo.

     -¿Tú recordar Lavandería Moderna?- Preguntó Hassán con tono serio-.
     -Claro... ¿Por qué lo dices?
     -Mi hermano trabajar antes allí. Él Said. 
Inmediatamente relacioné parecidos y continué.
     
     -¿Said era hermano tuyo?
     -Sí, pero él morir un jueves en Lavandería. Yo descubrir todo, y quedarme con todo también.- Explicó Hassán sin mucha pena y con cierto toque de picardía-.
     -¿Quedarte con todo?
     -Sí, en Lavandería Moderna haber mucho dinero escondido. Yo comprar Ferrari con él y muchas más cosas.

Ahora todo encajaba. Contreras y Gayarre escondían el dinero en algún lugar de la Lavandería para que nadie sospechara nada. Al no volver ninguno, Hassán se había apoderado de todo, y como premio se ganó ese lujoso Ferrari. 

     -Yo aquí para proponerte cosa.- Continuó Hassán con su peculiar acento-.
     -Dime. Te escucho.
     -Yo tener mucho dinero. ¿Tú querer venir conmigo a Ibiza? Allí mucha fiesta me han dicho. Buen lugar para gastar dinero. ¿Tú qué responder?

No podía creerlo. Debería haber respondido negativamente. Ahora estoy aquí
con Hassán y unos colegas viviendo la vida loca. Me ha venido bien un cambio radical, aunque creo que me mudaré pronto a Barcelona. A pesar de todo sigo queriendo descubrir qué pasó con Cidraque, y pienso que allí podré conseguirlo.
     
















Continuación Alicia en el País de las Maravillas

Alicia fue a merendar como su hermana le dijo. El día continuó y acabó siendo como otro cualquiera. Durante años, Alicia llevó una vida feliz hasta que, cuatro años después, las brasas de la chimenea incendiaron una cortina del salón de su casa. Alicia, que había salido al jardín, observó como ardía su casa, con su familia aún en el interior. Sólo se puedo salvar un pequeño osito chamuscado que protegió con su vida. Se vió obligada a hospedarse en el orfanato, mayoritariamente obligada por la ley, pero el trágico accidente la marcó de por vida. Se sentía culpable por lo sucedido, y de una forma u otra, sus remordimientos siempre acababan manifestándose de la misma forma.

En el psicólogo, Alicia narraba las numerosas visitas a su país imaginario, llegando a tal punto que pasó a ser parte de su vida cotidiana. Para ella, existían dos realidades: el país de las maravillas y el mundo real. Cuantas más veces visitaba el país en sus sueños, mejor conocía a sus criaturas y habitantes. Entre todas sus visitas, destaca una en la que Alicia recuerda haber sido ejecutada. Esta historia, como la mayoría que contaba Alicia, estremecía a los psicólogos, que ya se habían dado por vencidos con su caso.

Alicia abrió los ojos en medio de un bosque, cosa normal porque cada vez que despertaba, se encontraba en un lugar diferente. Gracias al tiempo y la experiencia, pudo reconocer el bosque. Se trataba ni más ni menos que el bosque en el que se encontraba la mesa del té del sombrerero y la liebre. En todos esos cuatro años, siempre los había encontrado allí, en la misma postura, esperando a que Alicia llegara. Durante ese tiempo, forjaron una amistad "un tanto peculiar". El sombrerero era un hombre bajito, más bien cabezón con pelo corto cubierto por un sombrero más grande que la propia Alicia. Muchos decían que estaba loco. Él, por lo contrario, afirmaba que estaba perfectamente sano. La liebre de mayo siempre acompañaba al sombrerero. Hicieron las paces con el Tiempo, quien con anterioridad les obligó a no poder avanzar de la hora del té. Aun así, continúan en ese estado, según ellos, por amor al té. Para sorpresa de Alicia, éstos no estaban en su mesa, como normalmente deberían.

Alicia sabía que ocurría algo, por lo que preguntó al gato de Cheshire, a quien cogió un gran cariño porque le recordaba a su difunta gata Dina. Éste siempre la intenta ayudar, más indirectamente que directamente. Aun así, no le desea mal alguno a Alicia. En efecto, el gato estaba allí, tan risueño como el primer día.

- ¿Sabes donde están este par? - dijo Alicia, refiriéndose al sombrerero y a la liebre
- Donde todos los demás - respondió el gato, aún sin haberse hecho visible del todo
- ¿Y dónde es eso?
- En el tribunal
- ¿Ha ocurrido algo?

Pero el gato ya había desaparecido. A Alicia no le quedaba más remedio que dirigirse al castillo.

Por el camino, pasó por las casas de varios conocidos: el conejo blanco, la duquesa, incluso la seta de la lombriz, pero ni una sola alma en esos lugares.

Al llegar, Alicia encontró a todo el mundo alrededor de la reina, quien, nada mas verla, gritó:

- ¡Ahí está! ¡Atrápenla! ¡Que le corten la cabeza!

Y en efecto, el tiempo no le afectó en nada a la reina. Seguía aplicando la sentencia de muerte muy a la ligera. Lo que Alicia no se esperaba es que, al contrario que otras veces, le hicieron caso. Los naipes, soldados de la reina, aprisionaron a Alicia y la ataron de manos y pies. Ella estaba confundida, pensando qué hizo mal. Tras un rato, decidió preguntar:

- ¿A qué se debe esta bienvenida?
- ¡Calla, criminal! - gritó uno de los soldados que la mantenían cautiva
- ¡Se te culpa de robo a la casa real, insolente! - respondió la reina, haciendo callar a todos los demás
- Pero acabo de... - intentó objetar Alicia
- ¡Silencio!

Alicia fue arrastrada en contra de su voluntad al estrado, en el que le obligaron a declarar.

- Acabo de llegar, lo juro - intentó excusarse Alicia
- ¡Mentira! ¡Yo la vi corretear con algo en las manos hace un rato! - testificó un gorrión un poco más pequeño que Alicia
- Señor gorrión, cuentenos lo que vio - mandó el rey, intentando apaciguar a todos
- Cuando salí de mi casa, a eso de las 9 de la mañana - comenzó a declarar, mirando su reloj de bolsillo - vi a Alicia dirigirse hacia este mismo castillo. Parecía tener mucha prisa, por lo que desistí de interponerme. Después, la volví a ver recorriendo el camino inverso, con algo brillante en las manos aunque no pude identificar de qué se trataba.
- ¡Mi collar! - gritó la reina
- Puede - contestó el gorrión
- ¡No tienen pruebas! - se defendió Alicia
- Ciertamente, yo también la vi por la mañana. - salió el conejo blanco al paso - Como muchos saben, soy el consejero de su majestad... - alardeó el conejo - Siempre estoy muy ocupado en el castillo, realizando tareas que no comprenderían. Pues, a eso de las 10, vi a Alicia entrar al castillo. Como cualquiera supondría, pensé que no podría hacer nada malo, así que le permití pasar. Cierto es que no la vi salir, pero el testimonio del gorrión corrobora que robó el collar de su majestad y, acto seguido, salió corriendo con él.
- Os estoy intentando decir que...
- ¡Silencio!

El juicio duró varios días, teniendo cada habitante un testimonio que agravaba aún mas la situación de Alicia. Ella desistió negarse, por que, de todas formas, nadie le haría caso. Cuando el último testigo finalizó, la reina y el rey se juntaron y cuchichearon algo inentendible. Tras la finalización del corro, Alicia fue llevada a la guillotina, la cual extrañamente nunca se había usado. Antes de que cayera la hoja, Alicia cerró los ojos.

Cuando los abrió, se encontraba en el orfanato, tal y como todos los días. Extrañamente, en el siguiente sueñó que Alicia tuvo, nadie recordaba nada sobre el incidente.